Recuerde que el objetivo de estas medidas es demostrarse a sí mismo que usted puede tomar el control, que el tabaco NO le controla a usted sino usted al tabaco
Cada vez que encienda un cigarrillo piense por qué lo hace y si verdaderamente es imprescindible y le merece la pena.
Compre los paquetes de uno en uno.
Cambie de marca de tabaco. Use una diferente cada día. Ayuda a romper los “lazos afectivos” con su marca habitual.
El tabaco no se comparte. No acepte ni pida cigarrillos a otras personas.
Limite las zonas para fumar: evitar la cama, el coche, con niños o no fumadores presentes. En casa elija un único sitio, y, a ser posible, incómodo (la cocina, el balcón, no su sillón favorito).
Haga incómodo fumar: Cigarrillos, mechero y cenicero no deben estar a su alcance directo, de modo que le dé tiempo de pensar si “ese cigarro le merece la pena”. Limpie el cenicero tras su uso y guarde todos los utensilios para fumar. Si fuma conduciendo, meta la cajetilla en el maletero del coche.
Fije el número de cigarros qué fumará. Trate de no superar el tope establecido. Si consigue sin gran esfuerzo fumar menos de lo previsto, mejor. Si quiere, puede usar una pitillera para ello, de modo que cada día fume la misma cantidad o menos.
Fumar el primer cigarrillo del día después del desayuno. Si ya era así, retráselo 10 minutos más.
No fumar inmediatamente después de comer. Cambie su rutina: levántese, pasee o haga alguna otra actividad.
Informar a sus amigos y familiares de que va a dejar de fumar. Pídales colaboración y paciencia. Adviértales que a partir de esa fecha no le den tabaco aunque lo pida. Si alguien de su entorno quiere dejar de fumar, proponga que lo hagan juntos; se apoyarán mutuamente.